Día 2: Harman, Prejmer y Bucarest

Despertamos en Brasov, gordos como cerdos por el atracón de anoche. No pongo en duda que la comida aquí está deliciosa. Pero también reconozco que es muy pesada, por lo que después de 7 horas durmiendo rodamos cama abajo como si aún tuviéramos que hacer la digestión. Y eso que aún no he hablado de los famosos “Mititeis”, pero de ello hablaré más adelante porque tiene tela la cosa…

Antes de abandonar Brasov visitaremos el Monte de Tampa, pues el día anterior fue imposible subir. No es que sea imposible, pero no es recomendable. Más que nada porque al anochecer es cuando los osos se pasean por el monte para hacer sus cositas de oso, y no es la primera vez que se han cruzado con algún pobre desafortunado humano, y lo han atacado. Cosas de la mala suerte oiga, pero nosotros somos listos y prudentes, y no nos pillara ningún oso.

Para ir hacia la cima del Monte de Tampa, primero hay que pasar por el Bastión de los tejedores, recorrer la parte sureste de las murallas y llegar a un callejón, el Aleea Tiberiu Brediceanu. El ascenso a lo alto de la montaña se puede hacer a pie o en teleférico; a pie dura alrededor de una hora y está repleto de corredores haciendo ejercicio. Nosotros nos decantamos por el teleférico porque de la manera que tenemos el estómago, no veo yo muy claro lo de subir andando.

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Desde arriba podemos contemplar unas vistas hermosas de la ciudad vieja. El día no acompaña mucho por la niebla y el frío, pero cerca del teleférico hay una cafetería por si se quiere entrar en calor y tomar algo.

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Aquí nos cruzamos con una guía que conduce a un rebaño de chinos (decenas), y como ellos no le hacen ni puñetero caso, la pobre nos engancha por banda para poder desahogarse un poco. Resulta ser una chica muy simpática y agradable, de Rumanía, que se gana la vida haciendo de guía a todo aquel que quiera contratarla. Se llama Carmen y sabe hablar Inglés, Francés, Español, Italiano y Turco, aparte que chapurrea un poco el Chino y el Japonés… casi nada! Si alguien quisiera contratar sus servicios podéis buscarla en facebook como carmen.murasan o enviarle un mail a carmen.murasan@yahoo.com. La verdad que los pocos 15 minutos que estuvimos con ella nos explicó cantidad de anécdotas e historias sobre Rumanía.

Ahora si, dejamos atrás la encantadora ciudad de Brasov para adentrarnos un poquito más en Transilvania y poder conocer más de cerca la historia que se esconde detrás de la fachada del Conde Drácula. A diferencia de este personaje de ficción, este país tiene una auténtica historia que contar al extranjero, acciones que pasaron hace muchísimo tiempo en lugares donde se vivieron auténticas batallas por el control de Rumanía .

Hubo un tiempo en que Transilvania era una tierra a invadir. Un tiempo en que la habitaban los sajones, Vlad Tepes y la Orden de los Caballeros teutones. Los turcos otomanos, los mongoles y muchos otros pueblos asiáticos querían cruzar la puerta del este de Europa. Para impedirlo, los campesinos y artesanos empezaron a fortificar las iglesias, creando maravillas como las que podemos ver en Harman y Prejmer, dos de las más bonitas y fáciles de visitar en Rumanía.

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Iglesia fortificada de Harman

La primera que encontramos es la Iglesia fortificada de Harman. Se encuentra a 7’2 kilómetros al sur de Brasov, en el corazón de la población de Harman. La iglesia fue construida en el siglo XIII y estaba rodeada de fuertes murallas, baluartes y torres. En el interior se encuentra el coro de forma cuadrada, con una bóveda semejante a una cruz. Lo que más destaca de la iglesia fortificada de Harman es la belleza de su interior, con un estilo más cuidado y bonito que la de Prejmer, como si esta fuera una fortaleza para gente más adinerada.

El punto fuerte de la visita está en poder llegar hasta la cima del campanario, eso sí, no es apto para gente con vértigo porque las escaleras son bastante empinadas.

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Prepararos para subir escaleras si queréis verla…

En Prejmer, tras los primeros ataques a Rumanía, las cosas cada vez se fueron poniendo más feas. Después de la primera invasión de los otomanos a Transilvania, los campesinos y artesanos sajones, que vivían como colonos en estas tierras, decidieron tomar cartas en el asunto, y lo mejor que se les ocurrió fue crear una fortaleza alrededor de la iglesia para así defenderse mucho mejor de los invasores.

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Iglesia fortificada de Prejmer

La cosa se les fue un poco de las manos, construyendo un auténtico fuerte con muros entre 5 y 8 metros de grosor, 14 metros de altura, torres defensivas, y capacidad para albergar 270 familias, o a 1600 personas (todo el pueblo). Y es por eso que dicen que esta iglesia es la más grande y fortificada de este tipo en Europa.

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Viviendas que hacen a la vez de muralla

Toda una obra de ingeniería que cumplió perfectamente su propósito, pues siempre repelió con éxito todas las invasiones.

La mañana está pasando volando y se nos echa encima la hora de comer. La idea original era comer en Bucarest, pero estamos a unas 3 horas en coche de la capital, y no sólo es completamente imposible comer allí por la hora que és, si no que ya es bastante difícil poder visitar la ciudad en menos de media tarde porque antes de llegar tenemos que pasar por el monasterio de Snagov. Por lo que decidimos tomarnoslo con calma y si tenemos que volver algún día para visitar Bucarest y otras zonas, pues se vuelve.

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He aquí el nuevo BMW rumano

Decidimos comer en Prejmer que prácticamente sólo tiene un restaurante en condiciones para dar comidas, lo otro son bares. Aquí de primero nos pedimos todos unas pizzas, pues aunque sólo llevemos día y medio en el país, el estómago esta resentido. Vamos, que en realidad sólo nos faltaba algo un poco pesado para cagarnos encima. Y nos caguemos… Madre si nos caguemos! Porque de segundo pedimos los famosos Mititeis!

Estas salchichas llamadas Mititeis, o como se oye decir mucho por aquí: “mitch”, son en realidad un arma de destrucción masiva. Un artefacto secreto del gobierno rumano para convertir a todo aquel insensato que se coma una de ellas, en una terrible arma biológica. Su función consiste en ahogar, con letal gas rectal, a todo aquel pobre compañero que esté a un radio cercano de 3 metros aproximadamente.

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Mititeis, el demonio personificado

Todo ello se concentró en el trayecto de vuelta, dirección a Snagov. Mentiría si dijera que no lleguemos al centenar de pedos por cabeza, silenciosos pero letales todos ellos. Pero eso no era lo peor… Lo peor eran los eructos. Salían sin fuerza, sin ruido, desde el fondo del estómago, multiplicando el olor a mostaza, carne pasada y jugos gástricos. Salían por la boca sin resistencia, pues parecían suspiros en vez de eructos. Nos preguntábamos constantemente; ¿Como puede oler peor un eructo que un pedo?  Esto aún seguimos preguntándonos hoy en día.

Llegamos a Snagov, y nos atropellamos para salir del coche, tosiendo y aguantando las arcadas del pestazo. Al final nos acostumbraríamos al hedor, pues los gases letales duraron hasta el día siguiente que lleguemos a Barcelona.

Cerca de Snagov, en una pequeña isla en medio de un lago y de muchos hogares gitanos, se encuentra el misterioso Monasterio de Snagov, dónde según la tradición local, se situaría la localización donde fue enterrado Vlad Tepes el empalador, el personaje que inspiró a Bram Stoker para escribir Drácula.

Algunos arqueólogos e historiadores han trabajado para verificar si esta historia es un hecho real, porque nadie ha podido aún verificar tal dato. Después de varias excavaciones dicen haber encontrado una mezcla de restos de caballo y huesos humanos, pero no hay nada que confirme el posible enterramiento de “Drácula”.

La mayoría de los historiadores creen que el príncipe de Valaquia fue enterrado en un monasterio en la región de Comana, pero esto no ha impedido que mucha gente crea que dicha historia es falsa.

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Aún así, no deja de ser misterioso este peculiar monasterio, donde en su interior encontramos una lápida que supuestamente fue el lugar dónde fueron enterrados los restos mortales de Vlad Tepes.

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Supuesta tumba de Vlad Tepes el empalador

Realidad o leyenda, lo que si es cierto, es que a primera hora de los días de invierno, cuando la niebla se eleva sobre las aguas del lago, el misterio asola al monasterio y tal vez entonces, podríamos incluso imaginar a Drácula recorriendo aquellos parajes.

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De vuelta al coche, ponemos rumbo hacia la capital de Rumanía, Bucarest. También conocida como la “Pequeña París”, por su arquitectura, sus palacios y grandes avenidas. Donde algunos la consideran como la ciudad más fea de Europa junto a Bruselas, aunque yo no creo que sea para tanto. Bucarest no aparece en los primeros puestos en las listas de ciudades europeas más importantes ni entre las más visitadas, pero si podría salir en las más baratas para viajar. Lo que sí sé seguro, que décadas más tarde y después de una violenta revolución, Bucarest asoma la cabeza para darse a conocer al turista común y poco a poco, poderse hacer un hueco entre las mejores ciudades.

Por importancia histórica y por ser un edificio único en el mundo, se puede afirmar que el Palacio del Parlamento es la visita estrella de Bucarest. Esta faraónica obra parece cien años más viejo de lo que es, su construcción se comenzó en 1984. Sus 340.000 metros cuadrados lo convierten en el edificio administrativo más grande, costoso y pesado del mundo según el libro Guinness de los récords, además de ser el segundo con la mayor superficie de fachada después del Pentágono. Tiene dos plantas sobre el terreno y ocho subterráneas, de los cuales se dividen en los más de 64 salones de recepción y 3.100 habitaciones que Ceascescu ideó para lo que sería su residencia y sede del gobierno central.

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Palacio del Parlamento

Para la construcción del palacio hubo que derribar gran parte de la ciudad medieval y el antiguo barrio judío, incluyendo iglesias, sinagogas y monasterios, en total algo más de 7.000 viviendas fueron demolidas. Se necesitaron 700 arquitectos y tres turnos de 20.000 obreros trabajando 24 horas al día durante cinco años seguidos. Después de un paréntesis tras la muerte del dictador en 1989, las obras fueron retomadas en los años 90, si bien hoy en día aún se encuentra inacabado.

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La visita de sus estancias, salones y azotea es guiada. El precio es de 5 euros más una taxa si se quiere hacer fotografías del interior. Al tratarse de un edificio oficial, es absolutamente necesario presentar el pasaporte para acceder al recinto. Por desgracia, la última visita es a las 6 de la tarde, por lo que ya es imposible que lo visitemos por dentro.

Una de las partes más interesantes y bonitas de Bucarest es el casco viejo de la ciudad, que se salvó de milagro de la demolición masiva de Ceausescu. Hay lugares de obligada visita como Curteau Veche, no es más que los restos de la primera corte de Bucarest donde vivió Vlad Tepes. Justo al lado está la bonita iglesia de Sfantul Anton y a pocos pasos las calles Lipscani y Gabroveni, las calles principales del casco antiguo y de las más animadas de la ciudad. Muy cerca de allí está el Pasaje Macca-Villacroise, un encantador pasaje cubierto con cafeterías y restaurantes donde la gente va a tomarse algo y a charlar.

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Nosotros tenemos una reserva desde hace varios días en el restaurante más emblemático de la ciudad, Caru cu Bere, situado en pleno Casco Viejo de la ciudad.

caru cu bere

Este restaurante en realidad es una cervecería que abrió sus puertas en el año 1879. Veinte años más tarde se trasladaron a su actual localización. Nada más entrar uno se da cuenta que no solamente está ante el restaurante más famoso de la ciudad, si no ante uno de los restaurantes más centenarios y número uno de todas las guías de viaje. Paredes decoradas, cristaleras de colores y columnas arqueadas nos transportan a otro tiempo mientras uno puede imaginarse al viejo barman, el símbolo más representativo del lugar, un homenaje al posadero que trabajó incansablemente subiendo los barriles del sótano acompañado únicamente por su farolillo. Todo ello aderezado con una atmósfera realmente especial repleta de bailes y música en directo.

En cuanto al menú, sirven comida tradicional de calidad, así que es una buena oportunidad de degustar sus famosas “supâ” o “ciorba” de primero. De segundo recomiendan pedir carne, como el famoso cochinillo para dos personas. Para el postre, tienen gran variedad de ellos, pero recomiendan probar el Papanas, bollos dulces con crema y confitura. Pero si queréis asegurar el tiro, pedid las tres bolas de helado (arándanos, vainilla y chocolate), porque son los mejores helados que he probado en mi vida.

La romántica velada se vio aderezada por la actuación de un payaso que, muy gracioso el tipo, nos vistió a todos de diferentes maneras. El payasete me entregó su lorito para que pudiera inmortalizar la escena, y vaya si la inmortalizó! El muy ***** se cagó encima!

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Tras esta estupenda cena, ponemos punto y final a la pequeña escapada en Rumanía. Este país nos ha dejado muy buen sabor de boca (sin contar los mititeis), con unos paisajes preciosos, gente muy amable y unos precios irresistibles. Puede que algún día vuelva por estas tierras, a si que, România în curând!

 

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