Día 1: Sinaia, Bran y Brasov

Tras aterrizar con un poco de retraso en el aeropuerto de Bucarest Otopeni a las 11 de la noche, llegamos a tiempo para poder cambiar el dinero en un “exchange money” antes de que cierren. Aunque Rumanía forme parte de la UE, el euro no es su moneda de curso legal. La moneda oficial de Rumanía es el leu o lei, que también se suele presentar en bancos y oficinas de cambio con el código RON. Cambiamos todos los euros aquí en el aeropuerto a 4’17 lei por euro. El cambio exacto en ese momento estaba a 4’44 lei, por lo que no hemos perdido mucho dinero al cambio.

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Leu rumano

En la recepción del aeropuerto nos espera un hombre que nos lleva al centro de alquiler de automóviles, donde tenemos una reserva para un vehículo por 57 euros los 3 días con seguro incluido. Tras los trámites reglamentarios, nos ponemos en marcha y en poco menos de media hora llegamos al mismo centro de Bucarest, donde tenemos una noche de alojamiento en el The Cozyness Downtown Hostel.

Este sencillo y céntrico hostal es regentado por Lorena, una chica inglesa encantadora, joven, y muy simpática. Las habitaciones son compartidas, pero están limpias y las camas son muy cómodas. No hablemos ya de los lavabos compartidos, pues están impecables (cosa que se echa de menos en muchos hostales). La cocina es pequeña pero completamente equipada para cualquier cosa. El salón, como podréis ver en las fotos de abajo, es bonito y acogedor. Hay juegos de mesa, televisión, ordenador, guitarra, y una linda gatita llamada Snowball, WhiteCat, y una decena más de nombres (cada viajero le pone uno distinto). Pasar la noche aquí nos ha salido por 6’50 euros!

El día siguiente despertamos pronto, pues tenemos unas 2 horas aproximadamente hasta nuestro próximo destino. Cogemos el coche aún con el estómago vacío, y ponemos rumbo hacía Sinaia. El trayecto es lento, pues el país está plagado de radares. Ya nos lo avisaron repetidas veces la noche anterior en el aeropuerto, así que andad con ojo en apretar el acelerador.

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¡En busca de Drácula!

A mitad de camino nos paramos en un restaurante de carretera para reponer fuerzas. Probamos por primera vez sus famosas Ciorbas; sopas ácidas con verduras, carne de vacuno o cerdo. Aquí descubrimos por primera (y lo que sería costumbre a partir de ahora) el lento servicio de Rumanía. La idea era pararse unos 10 -15 minutos para almorzar, pero la broma nos lleva más de una hora. Ahora si con los buches llenos, ponemos rumbo a Sinaia.

Sinaia, la perla de los Cárpatos, situada a 120 km de Bucarest es considerada por muchos rumanos como el pueblo más bonito de todo el país. Con una arquitectura más típica de Sajonia que de Rumanía, esta bella localidad alpina a los pies del monte Bucegi es famosa sobretodo por el Castillo de Peles.

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Castillo de Peles

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Este espectacular palacio es en realidad un castillo de cuento enclavado en un lugar privilegiado, a un cuarto de hora a pie del centro de Sinaia. Fué mandado construir por el primer rey de Rumanía, Carlo I, allá por el 1873. Como todo gran Palacio real, ha albergado momentos únicos para la historia, desde la siguiente mesa donde se firmó la neutralidad de Rumanía en la que se conoció hasta mediados del siglo XX como la Gran Guerra. Destaca, además, por ser el primer palacio de Europa en contar con electricidad, aspiradora, aire acondicionado y calefacción, todo ello en el siglo XIX. Completarlo costó nada más ni nada menos que 39 años, que se dice pronto! Con más de 400 especialistas y miles de trabajadores, por no contar los espejos traídos de Venecia, alfombras de Irak, cristal de Murano, espadas de Damasco… Todo un surtido de opulencia y poder que no dejará indiferente a nadie.

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Como curiosidad, en este Castillo se han alojado personalidades como el Presidente Richard Nixon, Gerald Fort, Moamar Gadafi y Yaser Arafat, entre otros.

Antes de acceder al interior tenemos que comprar los tickets de entrada (20 lei la planta baja), y un suplemento para poder hacer fotografías del interior (39 lei).  Recomiendo que os pongáis de acuerdo en pagar solamente una cámara, pues la taxa para hacer fotografías es superior al ticket de entrada, que aunque no es caro, es tontería pagar de más. Otra cosa que puede echar para atrás algún que otro visitante es las largas colas y la obligación de visitar el castillo con un tour guiado. Los tours se inician uno tras otro cada 15 minutos, para dejar tiempo a que el primer tour avance unas salas. Hay en varios idiomas a elegir, pero podéis entrar en el que queráis, pues si no entendéis el inglés os folleto en castellano.

Como siempre pasa en estos sitios, hay mucho listo suelto que quiere fotografiar el interior sin pagar la taxa correspondiente. Aviso que no intentéis tomar fotos en el interior del castillo sin comprar el ticket que os permita hacerlo. Desde el inicio del tour os avisaran que hay sanción económica para quien las haga, y tened por seguro que os pillaran, pues en cada sala que entráis habrá varias personas preguntando el ticket a todo aquel que tenga una cámara en mano. Una vez os pregunten el ticket os lo pegaran en la chaqueta, así ya no volverán a preguntarlo. Pero a todo aquel que no lleve el ticket pegado en la chaqueta se lo preguntaran, si no lleva el ticket le harán pagar la taxa de fotografía, y si no la paga, lo echaran fuera.

Una vez en el interior te dan unas calzas de lino para los zapatos, para no ensuciar la moqueta. Y si uno consigue dejar de lado las decenas de personas que se encuentran apretadas a tu alrededor, conseguirás disfrutar la visita. Para mí este es el castillo más bonito que he visto en Rumanía.

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A muy pocos metros de la salida del Palacio de Peles, encontramos el Castillo de Pelisor, concretamente a unos 100 metros subiendo por la cuesta. Este encantador castillo fue construido entre el 1899 y el 1902 como segunda casa para Fernando, segundo rey de la dinastía de Hohenzollern. Se puede visitar, pero dicen que no vale tanto la pena como su vecino de abajo.

En el centro de Sinaia está el Monasterio, que por falta de tiempo no lo visitemos. Este monasterio de origen ortodoxo aún es hogar para una veintena de monjes. Desde fuera dicen que es bonito, pero su encanto está en el interior, donde contiene dos iconos ofrecidos por el Zar Nicolás II en 1903 y la primera traducción de la Biblia al rumano.

Nuestro siguiente destino es Bran y su ya conocido castillo. Para ello tenemos que desviarnos ligeramente antes de llegar a Brasov y poner rumbo a la pequeña ciudad de Rasnov. Esta localidad situada a unos 15 kilómetros de la ciudad de Brasov, y a otros 15 del famoso castillo de Bran, es conocida por su entramado urbano de clara influencia germánica, destaca su ciudadela de origen sajón y su interesante iglesia gótica.

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Fortaleza de Rasnov

Sobre una montaña de la Cordillera de los Cárpatos se alza la imponente fortaleza de Rasnov, construida alrededor del 1215 por los Caballeros Teutónicos, este impresionante complejo es menos turístico que sus localidades hermanas pero no menos interesante, pues la ciudadela fue conquistada solamente una vez en su historia en torno al año 1600.

No tenemos tiempo para visitarlo, por lo que nos conformamos con hacer unas cuantas fotos desde la carretera que va a Bran. Aun así, para los que quieran visitarlo, el castillo está abierto todos los días del año, con un horario de 9:00 a 19:00 desde abril a octubre, y hasta las 17:00 desde noviembre a marzo. Si llegáis en coche podéis dejarlo en el aparcamiento y subir andando o bien en el “tractor turístico” que os llevará hasta la entrada del castillo.

Llegamos a los alrededores de Bran un poco antes del mediodía, dejamos el coche en uno de los múltiples parquings que hay por la zona y nos dirigimos a comprar los tickets de entrada. Antes de llegar a la multitudinaria cola de entrada, pasamos por una calle repleta de restaurantes absolutamente pintorescos y puestecitos totalmente orientados al turista. La mayoría de ellos para vendernos algún producto gastronómico o alguna figurilla del famoso vampiro. Aún así he quedado prendado sobretodo por los precios, que son muy baratos al igual que todo lo que nos encontramos en este país.

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Pero si algo es especial en este lugar, es del castillo estratégicamente ubicado entre sus montañas, el llamado Castillo de Drácula.

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Castillo de Bran (Drácula)

Una vez comprado el ticket de entrada (20 lei), nos adentramos en esta construcción que data inicialmente de 1212, fortaleza de una orden teutónica, que resistió hordas tártaras en 1241 hasta que finalmente en el 1377 el rey Luis I de Hungría realizó la arquitectura actual como función comercial y defensiva contra Valaquia.

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Como no, no podía faltar algún guiño a la película de animación: Hotel Transylvania.

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Aparte de numerosas imágenes de Drácula y Vlad Tepes, la fortaleza cuenta con 57 habitaciones, muchas de ellas conectadas con calabozos y algunas con pasadizos secretos. También cuenta con 4 torres distintas en cada uno de los puntos cardinales y rodeado completamente de un alto muro.

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Pasadizo secreto

La célebre novela llevada a cabo por el escritor Bram Stoker en 1897 que ambientó la morada del Conde Drácula en el Castillo de Bran, tal y como recoge la historia, el escritor nunca llegó a visitar Rumanía y basó su libro en conversaciones y lecturas sobre Vlad Tepes.

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Conde Drácula

El novelista decidió esta localización debido a la estructura del castillo, aunque no está documentado a ciencia cierta se cree que el temido Vlad solamente durmió una noche en Bran. Podría definir este lugar como un enorme castillo turístico cuyo interés radica en una mentira y su interior está repleto de mobiliario moderno, ya que los originales desaparecieron hace mucho.

Después de la visita decidimos comer en uno de los restaurantes de la calle principal. Como ya viene siendo normal, el servicio es muy lento, así que tenemos que armarnos de paciencia y degustar mientras tanto uno de los licores más famosos del país, el Visinata.

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Visinata

Para comer pedimos una sopa de primero (tienen gran variedad de ellas) y de segundo carne de cerdo especiada acompañado de Mamaliga con queso. La Mamaliga es un acompañamiento que ponen en todos los platos, se trata de una especie de “polenta” realizada con harina de maíz.

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Carne de cerdo especiada con mamaliga

Tras dos horas de comida y largas esperas por el servicio, volvemos el coche para dirigirnos esta vez a Brasov. El trayecto es aún más lento que de Bucarest a Sinaia, pues aparte de cruzar un puerto de montaña repleto de curvas y pronunciados desniveles, ha empezado a nevar. Aún así en poco más de media hora llegamos a nuestro destino.

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Rodeada de los Cárpados donde apenas la luz del sol es capaz de traspasar sus frondosos bosques, Brasov es una de las ciudades más visitadas de Rumanía por la cantidad de lugares de interés histórico que posee y por sus bellos monumentos. Esta ciudad medieval de apenas 300.000 habitantes, se encuentra a unas dos horas y media de Bucarest, por lo que en un día o incluso en una mañana es posible poder disfrutar de su bonito casco antiguo. Por lo que nosotros con media tarde, creo que nos dará tiempo suficiente para hacernos con una idea de ella.

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Brasov

Otra de las razones por la que recibe tantos turistas es porque se encuentra en el centro de la mítica región de Transilvania, donde es un campamento base perfecto para visitar los pueblos de alrededor.

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Antes de empezar la visita nos dirigimos a nuestro siguiente hostal, el que será el mejor del viaje y sin duda el mejor hostal que he dormido hasta el momento. El Promenade Hostel tiene un salón grande y cómodo, también las habitaciones más limpias que he encontrado en mucho tiempo, y con un lavabo digno de poder comer encima la taza del wc. Calidad-precio (7’50 euros) no encontraréis nada mejor ni aquí, ni en otros países.

Lulu, una de las chicas que lleva el lugar, nos ayuda en todo lo necesario para encontrar los mejores sitios para comer, cenar, almorzar y los puntos de interés turístico y como llegar a ellos. Y para rematar, debajo del hostal tienen un bar donde los clientes que nos alojamos aquí tenemos un descuento del 2×1 en las cervezas locales (500 ml).

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Bar del Promenade Hostel

Dejamos las maletas y nos dirigimos hacia la calle principal de la ciudad (Strada Republicii) que da acceso a la Piata Sfatului, o Plaza del Ayuntamiento. Punto de conexión con las principales calles del casco histórico. Es la calle de las tiendas y los mejores restaurantes de la ciudad, y lugar ideal para tomarse una buena cerveza en alguna de sus terrazas.

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No muy lejos de la plaza del ayuntamiento esta la Iglesia Negra o Biserica Neagra, un edificio imponente de color oscuro y algo tétrico que podría perfectamente ser la sede de alguna película de terror. La razón de su oscuro color no es otro que consiguió sobrevivir al gran incendio que asoló la  ciudad en 1698.

A poca distancia de la Iglesia Negra, encontramos la Strada Sforii (traducida como Rope Street), la calle más estrecha de Europa con sus 1’3 metros de ancho.

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Strada Sforii, calle más estrecha de Europa

Apenas a 10 minutos paseando desde la plaza del ayuntamiento, las murallas de Brasov son uno de los reclamos del lugar gracias a su buen estado de conservación. Estas rodean gran parte de la antigua ciudad y van uniendo las antiguas puertas de Brasov, de la que destaca la Puerta de Santa Catalina, la única puerta que ha sobrevivido de la época medieval. Fue realizada por el gremio de los sastres en 1559.

Muy cerca de la Puerta de Santa Catalina se encuentra el Bastión de los tejedores, en la calle George Cosbuc. Fue construido entre 1421 y 1436, y reconstruido a finales del siglo XVI. Es el mayor bastión medieval de Brasov y el mejor conservado. Actualmente alberga un interesante museo que se puede visitar de camino a la Montaña de Tampa.

Volvemos al hostal para ducharnos y prepararnos para ir a cenar. Lulu, tan atenta en todo, sin siquiera pedírselo ella misma llama para hacernos la reserva en el restaurante Sergiana. Se trata de un establecimiento bellamente decorado a la época medieval, con una suculenta y extensa carta a muy buenos precios . Es un restaurante grande con varios salones muy acogedores y un servicio estupendo, todos los camareros van con vestidos tradicionales.

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Restaurante Sergiana

La idea original era salir un poco de juerga por la noche, pero como en todos los restaurantes de Rumanía, el servicio es muy lento y salimos de allí rozando las dos de la madrugada. Ya con el estómago a reventar lo único que tenemos ganas es de volver rodando al hostal. Mañana toca levantarse pronto para visitar las Iglesias Fortificadas de Härman y Prejmer, y por último volver a Bucarest.

Brasov noapte buna!

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