Día 1: Fez

Emplazada entre el fértil Saïs y los bosques del Atlas Medio, Fez es la más antigua de las ciudades imperiales marroquíes. Emblema de la historia del país y capital espiritual y religiosa de éste, ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Se trata de la tercera ciudad más grande del país y la componen Fez el-Bali (el centro histórico), Fez el-Jedid (la ciudad imperial de los benimerines) y más al sur, los barrios modernos de la Ville Nouvelle.

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Áreas que componen la ciudad de FEZ

Durante los últimos años, Fez se ha convertido en uno de los destinos más turísticos de Marruecos después de Marrakech. En mi caso, después de visitar Marrakech y enamorarme de la ciudad, decidí conocer Fez, pues es un lugar muy cercano y a la vez muy distinto de España, barato y repleto de historia medieval.

Hasta el momento la única compañía que vuela de Barcelona a Fez es Raynair, y el trayecto dura aproximadamente una hora y media. El aeropuerto de Fez-Saïss se encuentra ubicado en la localidad de Saïss, 15 kilómetros al sur de Fez. Este aeropuerto es muy pequeño, me doy cuenta al aterrizar y ver que tan sólo hay una pista de aterrizaje, y que el único avión que hay en toda el área es el mío. Lo que hace mucha gente al salir del avión es hacer una foto al aeropuerto, ¡cuidado!, está prohibido y puedes ganarte una pequeña bronca (yo  envié de “paseo” al que me echó la bronca, pues no hay ningún cartel que me prohibiera no hacerlas).

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Lo  primero que tenéis que hacer (antes de aterrizar si podéis) es rellenar un papel con vuestros datos y los datos del vuelo para entregarlo en el control de pasaportes del aeropuerto de Fez. A mucha gente no le entregan el papel porque en el mismo control de aduanas te los dan, vosotros pedidlo a las azafatas si es preciso pues el primer problema de rellenarlo en el mismo aeropuerto es que tan sólo tienen 2 bolígrafos para todos los pasajeros del avión. El segundo problema es que son extremadamente lentos para revisarte el pasaporte. No exagero a decir que es el país donde más lento me lo ha echo, casi unas dos horas de cola… Si vais con el papel rellenado desde el avión y os ponéis rápidamente en la cola, todo eso que os ahorraréis después.

Para el cambio de dinero, en el mismo aeropuerto hay dos compañías distintas de Exchance Money y un banco. El mejor cambio lo dan en el banco y os recomiendo que cambiéis todo el dinero que queráis, pues aunque en el centro de Fez esté repleto de Western Unions, el cambio es exactamente el mismo.

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Dirhams marroquíes

Como llegar del aeropuerto de Fez al centro de la ciudad? Prácticamente tenemos dos opciones: la barata y lenta, o la cara y rápida.

  • La barata y lenta: El bus local de toda la vida, antiguo y destartalado. Encontrarlo puede ser un poco lioso si no hay gente esperándolo, puesto que no hay ninguna señal que indique que ahí para un bus. Para llegar a la parada, tenéis que salir por la entrada principal del aeropuerto, dirigiros a la derecha, y seguir la carretera hasta llegar a una rotonda. En esta misma rotonda para el autobús. El precio no llega a dos euros. Eso sí, es lento de cojones y nada cómodo, y como tengáis sólo un día para visitar la ciudad (como es mi caso) no lo recomiendo porque pasa cuando le sale del higo… Yo he esperado casi una hora sin que diera señales de vida, por lo que harto de esperar cogí la opción cara y rápida.
  • La cara y rápida: El Grand Taxi. Justo al salir del aeropuerto te asaltarán decenas de taxistas para llevarte al centro de la ciudad. Normalmente son mercedez grandes de color blanco o gris y a diferencia de los petit taxis (pequeños, de color rojo, y sólo hacen recorridos por el interior de la ciudad) los grand taxis son los únicos que hacen el trayecto aeropuerto-ciudad y recorridos de larga distancia. El precio es fijo y no negociable, y es de 120 Dirhams (12 euros). Si vas sólo sale un poco caro, pero si sois un grupo de 4-5 personas es una muy buena opción. Recordad que si estáis alojados en la Medina, el taxi os llevará hasta las puertas, pero no os acompañará hasta el riad.
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Los Grand taxis

Igualmente recomiendo dirigirse desde un principio a la rotonda del autobús, si tras esperar un buen rato no ha aparecido ni rastro de él y os impacientáis para llegar al hotel, allí mismo se pueden coger los Grand taxis.

Mi intención es coger el bus, pero después de esperarlo durante casi una hora con el Sol cayéndome a plomo sobre la cabeza y los taxistas susurrándome al oído; “yo te llevo barato amigo”, decido coger el taxi. Sólo tengo un día para visitar Fez y a este ritmo me van a dar las 12 del mediodía… Pago los 120 Dirhams correspondientes del trayecto  y me subo en el coche. Al poco rato de estar en marcha, el taxi para a recoger a una pareja de marroquíes que tras discutir acaloradamente en árabe, acaban subiéndose en la parte trasera. Al parecer, al contrario que en otros países, los taxis pueden compartir asientos si el recorrido pasa por el camino de los demás. Pocos minutos después se bajan y da lugar a un intento de conversación entre el taxista (en francés) y yo (en espanglish), el cual entiendo pocas palabras pero que más o menos me hago una idea; El taxista llamará a un amigo que sabe español para ofrecerme un taxi privado para hacer excursiones a las afueras de Fez. Yo muy educadamente le digo que no, pero él, ya teléfono en mano hace la llamada. Dos minutos después un chico en moto se cruza delante de nuestro taxi haciendo frenar el coche en seco. Es el “amigo” del taxista el cual me recita infinidad de excursiones a diferentes precios para llevarme a otros pueblos. Le vuelvo a decir que no, pero no da el brazo a torcer y así continua erre que erre durante un buen rato, y mientras tanto yo impaciente por empezar a visitar la ciudad… Si queréis un consejo para deshaceros de ellos, os doy dos que me han servido muchísimo a lo largo de estos 3 días:

  • Primer consejo: Decirles que os va muy bien tener un taxi para hacer las excursiones para que te den el número de teléfono y que más tarde los llamarás para concretar la hora. Por lo que se ve siempre se lo creen porque me ha funcionado 3 veces en tres días.
  • Segundo consejo: Cortar por lo sano. Respondedle a los; “Tu y yo amigos, somos países vecinos” con un; “No he venido hacer amigos”,  mientras pones la cara de más mala uva que tengas, y seguidamente decid que os devuelvan el dinero que tú te bajas allí mismo. Te pondrán mala cara, pero cuando les das un NO rotundo normalmente no discuten.

Finalmente después de más de media hora (por culpa del “amigo” motorista) el taxi me deja a los pies de la famosa puerta Bab Boujeloud. Ni mucho menos he llegado a mi alojamiento, pero en Fez el-Bali y Fez el-Jedid sólo pueden recorrerse a pie, pues son dos laberínticos barrios donde es imposible moverse con transporte motorizado. Lo único que veréis “transportando” a personas son los burros que van de un lado a otro.

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Renfe de cercanías de Fez

Bab Boujeloud es una bella puerta monumental que es la entrada principal a Fez el-Bali. Esta zona se encuentra animada y repleta de gente a cualquier hora del día.

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Desde aquí parten las dos calles más principales de la medina, Rue Talaa Kebira y Rue Talaa Seghira, las cuales se separan en diferentes ángulos hasta volverse a encontrar cerca de las curtidurías. En ambas calles se concentra la vida económica y cultural de Fez el-Bali, y sus edificios más importantes.

En el interior de la medina orientarse es muy complicado. Encontrar un mapa no es fácil y los que hay son prácticamente inservibles porque no son nada detallados, por lo que es muy probable que os adentréis en calles que no aparecen en él. Para llegar a vuestro destino tendréis que recurrir a gente de la calle en muchas ocasiones. Incluso yo que tengo un sentido de la orientación estupendo he tenido que pedir ayuda decenas de veces… La gente local no tiene ningún problema en acompañarte, de hecho, más adelante acabaré hasta las narices de que me acompañe gente que no quiero. Por supuesto, si pedís ayuda al final os pedirán una propina.

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Este es el mapa más detallado de la medina que he podido encontrar

Recorro Talaa Kebira para llegar a mi alojamiento. Por toda la calle estoy rodeado de tiendas, madrazas, mezquitas y talleres de artesanía. Pero sin duda lo que más me atrae son los infinitos olores que se respiran en el aire, los pequeños carritos de dulces artesanales y los vendedores gritando las ofertas de sus babuchas y shilabas.

Para alojarme el primer día me he decantado en probar esto del Coachsurfing. Nunca lo he probado y hasta ahora no me había atrevido a dar el paso (una de las razones es porque tengo un un inglés pésimo).  Para quien no conozca que es esto del Coachsurfing, básicamente es una red de viajeros o personas que ofrecen un sofá o cama para poder dormir a cambio de nada. No hay dinero de por medio, es totalmente gratuito, ya que el espíritu es el de ayudar al viajero. Para los que aún no quieran dar este gran paso en el mundo de los mochileros,  tengo que decir que en Fez no encontraréis ni hostales ni albergues, pero los riads y hoteles suelen ser muy baratos. Otra opción para presupuestos más ajustados es tratar de conseguir una habitación regateando una vez en la ciudad.

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Casualmente, después de volverme a perder, al chico que le pregunto dónde esta mi alojamiento resulta ser el hijo del hombre que me hospeda. El chico se llama Said y me acompaña hasta un callejón muy oscuro y estrecho (totalmente imposible que lo hubiera encontrado por mi propio pie) donde hay una pequeña puerta, !por fin he llegado! El chico me lleva al salón de su casa y me dice (en un inglés muy bueno) que espere a su padre allí. Mientras me sirve un té con menta conozco también a sus dos hermanas, dos chicas guapísimas que para nada me esperaba que fueran así vestidas. A diferencia de lo que cree mucha gente en países occidentales, estas chicas iban más escotadas y más sexys que cualquier chica europea.

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 A los cinco minutos se presenta el padre de familia, se llama Mohamed y sólo habla francés, aún así no es difícil hacernos entender y al instante me doy cuenta que es una maravillosa persona. Pasamos largo rato “hablando”, conociéndonos y explicándonos anécdotas de nuestros países mientras tomamos más tés de menta (5 me tomé al final). Una cosa que vería después de tres días en Marruecos, es que los marroquíes se lo toman todo con muchísima calma y es de mala educación rechazar un té. Una de las frases que más oiré en este viaje es; “la prisa mata amigo”, y se lo toman al pie de la letra… Así que después del quinto té, decido decirle a Mohamed que me encantaría seguir hablando pero voy muy justo de tiempo, él lo comprende y me dice que no siga el planing que tengo escrito, simplemente que camine por la medina y todo lo encontraré a su tiempo.

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Mi habitación ^^

Tras conocer a parte de la familia y dejar la mochila ya en mi nueva habitación, me dirijo a lo que a día de hoy es la mayor atracción turística de la ciudad, las curtidurías de Fez. Para llegar a ellas hay que tener como referencia la Place el-Seffarine, situada en pleno centro de la medina y no fácil de encontrar por uno mismo.

Después de más de media hora espantando falsos guías y falsos estudiantes de idiomas, perderme una veintena de veces, y preguntando por todos lados, al fin doy con la maldita plaza. La Place el-Seffarine está rodeada de talleres de metaleros (no heavys) donde confeccionan productos de latón y plata. Una vez estéis en la plaza, llegar a las curtidurías es bastante sencillo. Hay dos formas de encontrarlas, siguiendo algún turista que vaya acompañado por un guía o preguntando a la gente local. Si espantáis a los falsos guías y preguntáis solamente a los trabajadores de la plaza, os indicaran perfectamente.

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Place el-Seffarine

Para acceder a las curtidurías hay que entrar en los comercios de los alrededores para subir a sus terrazas. Normalmente al entrar os darán una ramita de menta para que el olor no sea tan desagradable, y sobretodo tened en cuenta que no os timen, pues para entrar a las terrazas no hay que pagar absolutamente nada. Como mucho al iros os pedirán que visitéis la tienda. Aquí está en vuestra mano visitarla o decir que no tenéis dinero.

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Por lo que han explicado, en estas curtidurías lo que hacen es transformar la piel en cuero blando y flexible. Una vez curtidas, las pieles pasan a los artesanos donde darán forma a bolsos, babuchas, ropa, bordados y otros objetos. Para ello, después de quitarles el pelo y la carne, el primer paso es meter las pieles en las cubas donde las empapan con diferentes substancias (entre ellas mierda de paloma). Una vez curtidas se secan en las azoteas de las casas, para luego ser enjuagadas en agua antes de ser ablandadas mediante baños de soluciones grasientas. Por último se sumergen en otras cubas con pigmentos para teñir las pieles.

La curtiduría Chouara es la más famosa de la ciudad (de las 4 que hay), por desgracia hace tan sólo dos semanas que han empezado a hacer obras y durarán unos 6 meses, por lo que el panorama que me encuentro es bastante decepcionante comparado a las fotos que había visto de este lugar. Para rematar mi mala suerte, los pocos pozos que están en funcionamiento sólo tiñen en color marrón, por lo que el color no es tan pintoresco y bonito como cuando tiñen con colores más vivos. Aun así y a pesar del hedor, la curtiduría Chouwara ofrece una de las imágenes más representativas de la ciudad y es imprescindible visitarla para conocer Fez.

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Saliendo de la curtiduría decido explorar y adentrarme en las profundidades de la medina. Un hombre me llama para que entre a su local a comer, y como es medio día y el hambre aprieta decido entrar. No hacia falta que me convenciera, ya tenía pensado comer allí, aún así el hombre me ofrece visitar la cocina para ver la limpieza y degustar un poquito de cada uno de sus platos que tiene en carta. La limpieza de la cocina brilla por su ausencia pero no me importa, cocinas más cerdas he visto en restaurantes de Barcelona. Las dos cocineras me dejan probar (directamente de las cacerolas) una docena de platos, con lo cual al salir de la cocina ya estoy medio lleno, aún así me decanto a comerme un tajín de kefta.

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Debajo de las patatas fritas están escondidas las albóndigas de Kefta

El tajín es un plato estofado a fuego muy lento. El recipiente donde se sirve es de barro y es el mismo donde se cocina. Los tajínes más “típicos” son los de pollo al limón y albóndigas de kefta . Para mi el mejor plato que puede uno degustar en Marruecos.

Después de comer y recorrer la medina, salgo de lo que es la zona de Fez el-Bali para dirigirme a otra de las visitas importantes de Fez , el Palacio real o Dar el-Makhzen, del cual sólo se pueden ver las puertas ornamentadas en bronce.  Al igual que la mayoría de mezquitas de marruecos, es imposible visitar el Palacio Real, o tan siquiera contemplar su exterior.

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Palacio real

El tiempo se me echa encima y el Sól ya está cayendo. Mi siguiente objetivo en el planing es ir dando un paseo hasta el mirador más famoso de la ciudad para contemplar Fez iluminándose poco a poco mientras anochece. El mirador no está nada alejado y se puede ir en un paseo agradable de 15-20 minutos desde la Puerta Bab Boujeloud. A medio camino me tropiezo con las tumbas benimerines, el problema es que están ya muy deterioradas por lo que creo que no es especialmente obligatoria la visita.

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Tumbas benimerines

Como el tiempo se me echa encima sigo hasta llegar a las cercanías del Hotel Les Mérenides, donde dicen que tiene las mejores vistas de la ciudad.

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Desde la cima de la colina de las tumbas benimerines, la ciudad tiene el aspecto de un compacto tejido urbano. En el interior de sus murallas defensivas, Fez el-Bali, la histórica media, es un mar de tejados del que emergen alminares y cúpulas.

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Disfruto tanto como puedo de estas maravillosas vistas mientras cae el Sol. Soy la única persona que hay en el mirador, por lo tanto hago lo que puedo para hacerme un par o tres de fotos. Cuando el Sol desaparece del horizonte, deshago el camino por donde he venido para volver a la Puerta Bab Boujeloud. Donde antes no había nada, ahora ha aparecido un mercadillo nocturno con cientos de tenderetes.

Paseo un rato por la zona hasta que sea la hora de cenar…

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Una de las mejores formas de contemplar la actividad incesable que rodea la puerta Bab Boujeloud, es subir a la terraza de alguno de los restaurantes o cafés cercanos. Es un auténtico placer contemplar desde las alturas el ir y venir de burros que cargan productos para su venta en la medina, o la gente que se para a charlar mientras hacen algunas compras por los mercados adyacentes.

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Para cenar opto por pedirme de primero Harira, la sopa marroquí por excelencia. Suele llevar harina, tomate, garbanzos, fideos, cebolla y especias. De segundo pruebo el Cuscús, parecido a una ensalada de sémola de trigo con una gran variedad de verduras y pasas.

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Harira

Al terminar, caigo en una de las mayores estafas que me han echo hasta el momento. Al salir del restaurante el camarero me pregunta si me apetece una cerveza, yo le digo que si y me indica un lugar que hay unos cientos de metros más abajo. A medio camino de dicho lugar, un marroquí me intercepta diciendo que es amigo del camarero.

Según él, dice que puede llevarme al lugar y para a un taxi. Mal asunto… Le digo que quiero un lugar cerca. Dice que son solo 3 minutos en taxi, que iremos a un sitio donde hay cerveza barata. A pesar que no me gusta ya un pelo esto, le pregunto cuanto es barato para él, el cual no me responde. Le aviso que iré, pero  le digo que sólo quiero tomarme una cerveza y si es caro me marcharé. Él, haciéndose el sueco, me indica que suba al taxi. Tras veinte minutos en taxi (que largos son aquí los 3 minutos…) llegamos a una especie de club con muchas luces rojas, por el momento creo que me está llevando a un puticlub y me entran mis peores pensamientos. Entramos al club, totalmente vacío, y lo sigo hasta detrás de la barra donde abre una pequeña puerta trasera para acceder a una especie de bar clandestino, repleto de gente y con música en directo. No parece mal sitio y por el momento se han esfumado todas mis malas dudas que tenía… Hasta que el chico me dice que ya de entrada tengo que pagar 100 Dirhams (10 euros) por la música en directo y un cubo de 10 cervezas que vale 400 Dirhams (¡40 euros!). Le digo que ni en sueños, ya le he había avisado que sólo quería beberme una simple cerveza. Aquí las sonrisas y los buenos tratos desaparecen completamente del hombre y empieza a gritarme, diciendo que si no pago eso le estoy jodiendo por haberme echo entrar a ese local. Le digo que no, que me voy. Entonces ya viene otro compinche que me barra el paso de salida diciendo que no puedo salir del local sin pagar.

Por un momento noto el sudor frío del miedo que me recorre la espalda. Estoy completamente sólo y en un sitio que desconozco. Así que decido jugarmela todas a una carta, si ellos van con mala leche yo iré igual, y en eso seguro que no me ganan. Lanzo una patada al primer taburete que se cruza en mi camino mientras les grito barbaridades que mejor no recitaré aquí, les amenazo que llamaré a la policía y para gran sorpresa, agachan la cabeza y levantan las manos en modo de disculpa. Me dicen que la entrada de 100 Dirhams si se tiene que pagar, pero que me puedo ir “sin problemas amigo”… Pago, salgo del local echo un basilisco (más que nada para aparentar) y encima el jeta del sueco que me ha acompañado me pide 150 Dirhams por haberme echo de guía, vamos no me jodas… Le digo muy amablemente que como no desaparezca le van a faltar dentistas para tan pocos dientes.

La broma me ha salido por 100 Dirhams y un buen cabreo, pero bueno, en esta estafa ya no vuelvo a caer más y espero que la gente que me lea tampoco.

Cojo otro taxi y vuelvo a casa de Mohammed. A pesar del percance de hace un rato, no ha conseguido enturbiar el echo que he conocido una ciudad fascinante, misteriosa y laberíntica donde sin duda me han faltado mil cosas por ver y conocer, y que por supuesto algún día volveré a recorrer. Por ahora sólo me queda pensar en mañana y mi próximo destino, Méknes.

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