Día 4: Asakusa, Ryogoku y Odaiba

A pesar de la lluvia y la hora (6 de la mañana), me obligo a ponerme en pie. ¿Por qué tan pronto? Pues porqué hoy empezaré visitando Asakusa, un barrio antiguo enclavado en medio de la modernidad de Tokio. Este barrio destaca sobretodo por albergar el Templo Sensoji, el templo más famoso (y por lo tanto más visitado) de la ciudad. Llevaba tiempo leyendo en muchos foros y guías recomendaciones para llegar muy temprano al lugar, pues dicen que a media mañana es casi imposible de caminar con las hordas de turistas que se concentran allí.

Pues a pesar de llegar a las 7 de la mañana, las inmediaciones del templo están repletas de gente (eso si, nada que ver con la gente que había al irme de allí). Para poder acceder al templo, (que por cierto, es gratuito) lo primero que hago es cruzar la puerta de Kaminarimon, también llamada puerta del trueno. Es fácilmente reconocible por su gran linterna de 3 metros, la cual dicen que tiene más de mil años de antigüedad. Casi nada.

Puerta Kamarimon

Puerta Kaminarimon

Desde esta puerta se accede a la calle Nakamise Dori, un paseo de 250 metros franqueado por tenderetes y “kioskos” con recuerdos y souvenirs destinados al turista. Abren a las 9 de la mañana, así que en estos momentos encuentro las tiendas cerradas. Aunque no es el mejor sitio para comprar recuerdos de Japón, pues los precios están bastante inflados.

Nakamise Dori

Nakamise Dori

Si seguimos esta calle, desembocamos justo delante de la puerta principal del templo, también llamada Hozomon o puerta del tesoro.

Puerta Hozomon

Puerta Hozomon

Y justo después, aparece el mejor templo que uno puede encontrar en esta magnífica ciudad, el templo Sensoji. A pesar de no ser tan impresionante como los templos que hay en Kyoto (eso me han dicho), creo que es una visita obligada acercarse a este barrio solo para visitar este lugar.

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Quizá los que más destaque de este templo es su vivo color rojo, que contrasta tanto con el gris del cielo. Es un día triste, extrañamente frío para esta época del año en Tokio, pero encontrarse con esta maravilla de la época Edo en medio de una ciudad tan moderna hace que a uno se alegre la vista.

El siguiente destino al que me dirijo es nada más y nada menos que el barrio de Ryogoku, famoso por sus heyas, lugares donde los luchadores de sumo entrenan. Para ello me dirijo caminando por un agradable paseo de media hora. Desde Asakusa, lo primero que uno encuentra es el edificio Asahi, Sede de la cerveza Asahi y edificio muy curioso por tener forma de jarra. Todo eso bajo la imponente mirada del Skytree, el mayor mirador de la ciudad. Por desgracia es un poco caro, y habiendo miradores tan buenos y gratuitos repartidos por la ciudad, no me he decidido a subir allí.

Edificio de la birra y la Skytree

Sede de la cerveza Asahi y de fondo, la torre Skytree.

A medio camino entre Asakusa y Ryogoku, otra de las atracciones que muy poca gente conoce es la sede de Bandai Namco. No es posible la entrada al edificio, pero su principal atracción son sus múltiples figuras de los personajes más populares de esta franquicia (que por cierto, están expuestas en la acera frente al edificio). ¿Quién no se puede resistir a fotografiarse con Doraemon?

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Desde aquí, es fácil llegar a Ryogoku. Tan solo hay que cruzar el río Sumida en el próximo puente y caminar por el lateral del rió siguiendo siempre la imponente figura de fondo, el estadio de Sumo de Ryogoku.

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El estadio en sí no tiene nada en especial, siempre y cuando no coincidan las fechas de tu viaje con el campeonato de sumo. Miro por pura curiosidad que días empieza el campeonato, y aún quedan dos semanas. En caso de que alguien coincida con el campeonato de Sumo, se pueden conseguir entradas por 30 euros (eso sí, al gallinero).

El motivo para visitar este barrio se centra más en ver a los luchadores de sumo entrenar en algún heya, pero como voy medio perdido y no encuentro ninguno, me dirijo a la segunda atracción más famosa del barrio, el museo Edo-Tokyo.

Museo Edo-Tokyo

Museo Edo-Tokyo

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Personalmente no soy mucho de visitar museos, me aburren bastante a la que llevo media hora dando vueltas. Este, a pesar de su elevado precio (600 yenes) me lo han recomendado bastantes personas y como aún quedan un par de horas hasta medio día, aprovecharé para visitarlo y luego comer.

El Museo Edo-Tokyo recrea la história de Japón desde la época Edo hasta su revolución industrial. Y aunque no os interese mucho el tema (como a mi), si que es bastante interesante por su gran cantidad de maquetas y réplicas de objetos y edificios. Incluso tienen una sección dedicada a la segunda Guerra Mundial e Hiroshima.

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Si uno lo que quiere es profundizar muchísimo más en todo lo que hay en este museo, hay disponible voluntarios que ofrecen visitas guiadas totalmente gratuitas, incluso en habla hispana! Para quién no tenga ganas de ir con un guía, también tienen audio-guías disponibles sin ningún coste adicional.

Ya es medio día, y aunque intento alargar el museo tanto como puedo por el mal tiempo, el hambre aprieta. He esperado expresamente a comer en este barrio por una simple razón; Es el único lugar de la ciudad donde hacen el Chanko-Nabe.  Este plato típico de Tokio es el alimento consumido por los luchadores de sumo con el propósito de ganar peso. Generalmente se trata de un guiso de pescado, marisco o carne y cocinado con verduras y cerveza.

Chanko Nabe, delicioso !

Chanko Nabe, delicioso !

Es uno de los platos más completos y más sabroso de los que he probado, riquísimo !

Mi siguiente destino es el barrio de Odaiba, la bahía de Tokio. Y para llegar, se puede hacer de dos formas; la que usa la mayoría de gente, que consiste en coger un barco desde Asakusa y navegar por el río Sumida hasta la isla artificial de Odaiba (unos 10 euros). Y La otra forma y no menos espectacular (es la que hice yo), es coger el monorail desde la estación de Shimbashi (unos 4 euros).  Este tren no tiene conductor, por lo tanto las vistas del recorrido desde el primer vagón son espectaculares. El tren atraviesa la zona de Shiodome y cruza la bahía por la parte inferior del puente Rainbow.

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También esta la opción de cruzar el puente a pie, sin duda las vistas tienen que ser espectaculares, igual que la distancia de pateo xD.

Odaiba es una isla artificial donde los tokiotas van de compras o, simplemente a relajarse en su paseo marítimo o su famoso Onsen, el cual iré al anochecer a ponerme como un viejo pocho. Para empezar me dirijo a la playa (creo que Tokio solo tiene dos) de Tokio, donde su fantástico skyline me trae tantos recuerdos de la bahía de Brooklyn en Nueva York. Según dicen las guías este es uno de los mejores sitios para ver la puesta de sol.

Rainbow bridge

Rainbow bridge

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Como cada día, el tiempo a pesar de estar nublado la temperatura ambiente es agradable e invita a un chapuzón. Exceptuando el echo de que está completamente prohibido bañarse en esta zona del mar. La gran cantidad de barcos han echo que el agua de la “playa” de Tokio este completamente contaminada. Es una pena, pues sería mi primer ocasión de nadar con rayas!! Toda la orilla esta repleta de ellas !

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Siguiendo el paseo marítimo hacia el sud, rodeando lo que es la isla de Odaiba, llego a la… ¿estatua de la libertad?

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Estos Japoneses están en la élite del despiste turístico. Entre la torre Eiffel (Torre de Tokyo), El puente de Brooklyn (Rainbow Bridge) y la estatua de la libertad, me da a mi que a estos les van más los plagios que a los chinos…

Con el paseito por la bahía se me ha pasado media tarde volando, pero aún no es suficiente tarde para ir al Onsen. Así que me pasaré por los centros comerciales a dar una vuelta. El primero que me viene de camino es el Diver City y su famoso Gundam. Para los que no sepan que es un Gundam, es una especie de transformer. Para los que no sepan tampoco que es un transformer pues… es esto…

Gundam

Gundam

Un robot a lo bestia. Por lo que vi allí, todos los japoneses están posesos con estos bichejos. Pues se pasan el día jugando en las recreativas a los videojuegos de Gundam.

Ya que tampoco tendré tiempo a ver todos los centros comerciales, me centro al que tenía apuntado en el planing, Venus Fort. Simplemente he elegido este por su decoración veneciana. Es exactamente el mismo que hay en el Hotel Venetian de Las Vegas. Detalle a detalle, otra cosa en la lista de copias…

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En su interior me encuentro con una exposición de coches al más puro estilo italiano.

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Paseo italiano

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Donde desemboca en la sede de Toyota, donde puedes probar coches y videojuegos oficiales completamente gratuitos. Eso sí, te dejan muy poco tiempo.

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Justo al lado de Venus Fort está Megaweb, una especie de salón recreativo con una noria gigante en el exterior.

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Son las 6 de la tarde y ya está anocheciendo, por lo que al fin es hora de ir al famoso Onsen Ooedo Monogatari.

Este onsen es el más grande de la ciudad, también el más turístico y naturalmente el más caro. Utiliza el agua termal que se extrae de 1.400 metros de profundidad de la bahía de Odaiba. Justo al entrar hay unas taquillas para guardar los zapatos (gratuitas) y otras (no gratuitas y muy caras) para guardar objetos más grandes como maletas, etc. No hagáis el panoli como yo y paguéis aquí para guardar las cosas, pues con vuestra entrada hay más taquillas en el interior que ya entran en el precio de acceso.

Ooedo Onsen Monogatari

Ooedo Onsen Monogatari

Lo primero que tengo que hacer es pasar por la barra, donde me dan una pulserita con un chip, este chip será el que me irán marcando según consuma adentro del recinto, y una vez salga, me den el sablazo correspondiente (los precios en el interior no son baratos). Si no se consume nada, pagas la entrada básica que son unos 1.900 yenes.

Antes de entrar, me dan a elegir un yukata, que tengo que ponérmelo antes de entrar a la zona central. Donde chicos y chicas se pasean en un ambiente que recrea el antiguo Tokio, repleto de restaurantes y zonas de recreo. No recomiendo cenar aquí, pues los precios son prohibitivos… Las bebidas no son tan caras, excepto las cervezas :/

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A través de la zona central, se puede acceder a dos zonas más; La primera es una zona mixta, recrea un parque de la época catapún donde chicos y chicas con sus yukatas pasean y se relajan entre arboles, grillos y un riachuelo del que dicen que purifica los pies… Y un pimiento! No os creáis nada de la supuesta purificación, este riachuelo es una tortura china con el único objetivo de dejarte cojo. Si no me creéis probarlo, después no digáis que no os he avisado.

Paseo jodepies

Paseo jodepies

Por desgracia aún no atino mucho con la Gopro y las fotos nocturnas, una pena…

La última zona que me queda nombrar es sin duda la del baño termal, este ya está separado por sexos. Donde primero tengo que entrar a un vestidor, despojarme de mis trapos y quedarme como mi madre me trajo al mundo. Lo único que te dan es una pequeña toalla, que por lo que entendí era para mojarla y ponérsela en la cabeza. En realidad la mayoría de gente la hace servir de taparrabos para taparse lo que cuelga de entre las piernas. Así que yo también me tapo mi zona viril y entro.

Al principio uno entra un poco intimidado, acojonado, e incluso avergonzado, sin saber que se va a encontrar uno allí adentro… Tras el primer vistazo al interior, me río, no doy crédito a lo que veo. Seguidamente decido quitarme el taparrabos y colgármelo sobre el hombro. Visto los tamaños que manejan estos japoneses, no creo que coja complejo. Es más, ya que puedo por una vez, decido fardar y pongo mi caminar más bárbaro que tengo.

Sin duda ir a un Onsen está entre una de las mejores experiencias que uno puede hacer en Japón. Aparte de alguna bañera donde el agua es fría (y la que ni loco meto un pie), todas las demás están a una temperatura superior a 40 grados. Incluso hay una zona que da al exterior, para que uno pueda contemplar las estrellas mientras se queda medio grogui.

El Onsen al salir

El Onsen al salir

Tras dos horas en remojo, salgo de allí completamente relajado y arrugado como una pasa. Por desgracia esta zona es imposible hacer ninguna foto. Por lo tanto, me vuelvo a vestir, recupero fuerzas con una coca cola y me voy.

Está demostrado científicamente que una persona al salir de un Onsen es un despojo que no sirve para nada, así que cojo el tren que está justo al lado del Onsen y me voy derechito al hotel. Por hoy ya he cumplido. Mañana toca levantarse a las 4 de la mañana para visitar la Lonja de atún de Tsukiji.

Lo mejor del día:

  • El templo Sensoji, uno de los templos más grandes y bonitos que he visto por Asia.
  • Comer Chanko-Nabe, yo también me haría luchador de sumo sólo para comer esto diariamente 😀
  • Odaiba, entre sus centros comerciales, sus onsens, sus parques de atracciones y  sus plagios de Nueva York, es imposible que alguien se aburra aquí.
  • Ooedo Onsen Monogatari. Sí, está dedicado exclusivamente al turista y su precio es elevado a comparación a otros onsens, pero volvería de cabeza sin pensármelo dos veces. Es el ONSEN de Tokyo por excelencia.

Lo peor del día:

  • El edificio Asahi (Sede de la cerveza Asahi), hay que echarle mucha imaginación para ver una jarra de cerveza.
  • Ryogoku, al no coincidir con el campeonato de Sumo y sumándole el echo de que es difícil encontrar un Heya si no se va con la información preparada, no creo que merezca la pena. Siempre y cuando no te apasione ir de museos, pues el museo Edo-Tokyo es de lo mejorcito que he visto (relacionado en museos).
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